Derechos humanos y salud mental de poblaciones migrantes en tiempos de pandemia

Derechos humanos y salud mental de poblaciones migrantes en tiempos de pandemia

La literatura científica ha sido consistente en demostrar la relación entre los procesos migratorios y el bienestar psicológico de las poblaciones migrantes, relación que está claramente presente en las poblaciones que se mueven en los espacios territoriales. En los estudios más recientes, se ha evidenciado el alto grado de vulnerabilidad que está muy presente en poblaciones migrantes, quienes desde el momento en que toman la decisión de migrar hasta llegar a destino, pueden presentar diversas afectaciones en su salud, aspecto que está mucho más presente en quienes están forzados a migrar como es el caso de los venezolanos en los últimos años. 

En este proceso migratorio, muchos migrantes se enfrentan a riesgos, que afectan sus condiciones sociales, relacionadas con la llegada al territorio de acogida, aumentando su vulnerabilidad. Ejemplo de ello son las barreras de acceso presentes en los servicios de salud, sumado a la falta de oportunidades laborales, la inseguridad alimentaria y la precariedad de las viviendas o espacios que habitan en los lugares de llegada.

Conjuntamente con la Red de Migración y Salud, estamos realizando un trabajo de investigación orientado a comprender las implicaciones que tiene la migración en la salud mental de las poblaciones migrantes procedentes de Venezuela. Parte de los hallazgos iniciales nos han mostrado que los principales problemas de salud mental, presentes en estas poblaciones migrantes procedentes de Venezuela y que han llegado al país, están relacionados con sentimientos de tristeza, angustia, frustración, ira, estrés y soledad; aspectos que parecen afectar de manera significativa el bienestar de muchas de las poblaciones migrantes.

Algunos estudios realizados en Estados Unidos y Colombia, han evidenciado que estos síntomas, además de algunas patologías clínicas asociadas, como la depresión, la ansiedad y el estrés crónico, se encuentran ligados a factores sociales presentes en las poblaciones de acogida, tales como la xenofobia, el racismo y la discriminación, agravando sus afectaciones en salud mental, sumado a factores estructurales como la inestabilidad económica y la inequidad frente al acceso al sistema de salud.

Bajo este panorama, la coyuntura de la pandemia del COVID-19 en Colombia ha tenido un impacto negativo en diferentes sectores de la población en todo el territorio nacional, afectando principalmente a las poblaciones más vulnerables, dentro de las cuales se encuentran los migrantes procedentes de Venezuela; esto ha traído diferentes consecuencias en el proceso migratorio, por lo cual es necesario hacer énfasis en el impacto que se ha generado en la salud mental de las poblaciones migrantes, tema de relevancia en salud pública.

En la población colombiana en general, evidentemente hay preocupación en torno al riesgo de contraer el COVID-19 y sus posibles consecuencias en la salud física; aspecto que se suma a la preocupación colectiva del impacto económico y social que como estrategia de protección para la salud y evitar la propagación del virus, ha generado la cuarentena.

Durante la cuarentena también se ha visto el aumento general de las vulnerabilidades de los migrantes, siendo en muchos casos más notorio en estas poblaciones, debido a la falta de acceso a ingresos básicos, afectando el acceso a algo tan básico como la alimentación. Hay que recordar que, para muchos de estos migrantes, el principal motivo para cruzar la frontera, sobre todo en los últimos años, ha sido la búsqueda de alimentos. El acceso al número de comidas diarias ha disminuido para muchos de ellos, lo que ha empeorado la seguridad alimentaria y nutricional; a esto se ha sumado la disminución en los ingresos del hogar producto de la imposibilidad de trabajar, debido al aislamiento obligatorio, lo que ha provocado, en algunos casos, la incapacidad de pagar arriendos (o pagadiarios) y esto, a su vez, produce un riesgo de desalojo. Adicionalmente, se encontró que muchos de estos hogares no tienen acceso a agua (lo que impide también lavar adecuadamente sus manos, aspecto clave de prevención en esta pandemia) y viven en hacinamiento, sumado a la imposibilidad de recibir una atención médica adecuada debido a no poder salir de sus casas y, en muchos otros casos, al no estar afiliados al sistema de salud (aspecto que afecta a muchas poblaciones migrantes).

En este orden de ideas, la Comisión UCL-Lancet de Migración y Salud ha señalado la obligación moral y legal de los Estados receptores de proteger a los migrantes y garantizar el acceso universal a servicios de salud mediante la inclusión de estas poblaciones en el Sistema de Protección y Seguridad Social del país. En la misma línea, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, mediante la Resolución 1/2020, ha señalado los desafíos que los Estados receptores deben superar en tiempos de pandemia, dentro de lo que se resalta el acceso a servicios de atención en salud mental con calidad y sin discriminación. Bajo estos lineamientos, el Estado Colombiano deberá orientar esfuerzos a la promoción de la salud mental, garantizando el acceso a servicios de atención, tratamiento y seguimiento para la población migrante que necesite atención específica en salud mental .

En resumen, se ha evidenciado un aumento en las vulnerabilidades de la población migrante, en donde hay un mayor riesgo para estas poblaciones en su salud mental, aumentando los niveles de ansiedad, estrés, depresión, angustia, entre otros síntomas clínicos. Esto supone desafíos para el Estado colombiano en términos económicos y de creación de políticas para la atención, promoción y seguimiento de la salud mental de la población en general, donde se incluyan los sectores más vulnerables, de los cuales deben formar parte las comunidades migrantes, puesto que también presentan riesgos de padecer problemas de salud mental en estos tiempos de pandemia.

Fecha: 3 de julio del 2020

Fuente: El Espectador

rosemary
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